Honor a la docencia en Argentina
10 de septiembre de 2020
Con sólo seis días de diferencia en el calendario, en nuestro país se recuerda a dos grandes educadores y se conmemora su vida. El 11 de Septiembre, “Día del Maestro” por el Presidente de la Nación, Gobernador de San Juan, Senador, escritor, docente, periodista, militar y estadista, D. Domingo Faustino Sarmiento y el 17 de Septiembre, Día del Profesor” en memoria del escritor, publicista, orador y estimado profesor, D. Juan Manuel Estrada. Ambos nacieron en Argentina, uno en San Juan y el otro en Buenos Aires, y ambos fallecieron en Paraguay, con seis años de diferencia, como los días del calendario que los recuerdan, para ejemplo de todos los argentinos.

Hablar de docencia es explicar un hacer que da origen a todas las profesiones, los oficios y vocaciones. Es tan simple y complejo a la vez por su necesaria presencia y las múltiples variables con las que va transitando sus días de trabajo comprometido y acción responsable. La persona practicante es a su vez, un ser que vivió la experiencia y la elige como modo de vida, para animar a otros a hacer lo que parece imposible, a soñar lo lejano e improbable, a saber el por qué de las cosas y el devenir del mundo para ser protagonistas libres y decisores conscientes de nuestro presente y futuro. Eduardo Galeano decía que “…el mundo es un mar de fueguitos…”, se refería a personas con luz propia, con brillo, con fuego. Maria Montessori, en cambio y tan cerca de esos conceptos, nos decía que la educación “…agita la vida…”, pero la deja libre para que se desarrolle. Piensa la educadora italiana, al modo de Juan Manuel Estrada: "Educación para la libertad, o simplemente educación, porque no puede menos de ser libre un pueblo compuesto de hombres que se conocen y se moderan". Agitar la vida, avivar los fuegos, mirar con amor y libertad las capacidades y habilidades diversas, animar a lo diverso y lo crítico, iluminar mentes y dejarlas que se expresen libremente, respetar las ideas y motivar otras nuevas. Así ser Docente, Educador, Maestro, Profesor, requiere un compromiso irrenunciable con la Vida y la Libertad; interesarse por las personas, importarles éstas y ocuparse con responsabilidad de ellas; porque todas sus acciones pueden tener influencia, dejar una huella en sus estudiantes que no es la misma para todos, pero es significativa de mil modos; así también en reciprocidad, aunque a mayor número, traspasamos las vidas de nuestros educadores y siempre quedan experiencias que se recuerdan en momentos importantes de nuestras existencias; porque un buen Docente nunca se olvida, quedan sus enseñanzas y acciones y se van transmitiendo de manera exponencial. Grande es la responsabilidad y grande la recompensa. El Maestro es un optimista de profesión, cree que la Humanidad puede ser mejorada, perfectible por ese motor innato de aprender y que, en esa relación educador – educandos está la posibilidad de mejorarnos unos a otros por ese conocimiento. En tiempos dónde los saberes se ponen en cuestión y se debaten; dónde la educación es resistida y defendida desde distintas posiciones; la idea de Educación como una revolución pacífica y superadora, nos alienta a seguir sumando intereses comunes para que ésta sea un derecho que no se piense ser exigido, porque se ejerce fehacientemente sin distinciones de género, edades, ideologías, status y geografías.

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